EL CARRO COSMOTELÚRICO QUE VIAJA SIN MOVERSE : ¿Y los extraterrestres y los viajes espaciales qué? 🤔 🤨

El Arcano VII del Tarot de Marsella, El Carro, suele interpretarse como símbolo de avance, victoria o dominio. Sin embargo, una observación más atenta de su iconografía revela una paradoja fascinante: estamos ante un vehículo que, en apariencia, no puede moverse. Fijaos amigos, las ruedas del carro no están en contacto funcional con el suelo; más bien parecen desplazadas, casi decorativas. El conjunto entero da la impresión de estar encastrado, fijo, como si su desplazamiento no dependiera de lo físico. No hay camino visible, no hay horizonte hacia el que avanzar. Y, sin embargo, el auriga permanece erguido, coronado, sosteniendo el cetro del poder. Sobre su cabeza, un palio azul tachonado de estrellas actúa como techo. Este detalle es clave: el carro no transita por la tierra, sino bajo el cielo. O más precisamente, dentro de o cobijado en él. Todo en esta imagen o ARCano apunta a una idea profunda: no se trata de un viaje exterior, sino interior. No es un desplazamiento en el espacio, sino un tránsito entre niveles de conciencia o realidades. Este simbolismo encuentra ecos en antiguos relatos como el carro de fuego del profeta Elías o el concepto de la MerKaBa en tradiciones místicas. A menudo interpretados de forma literal —como si describieran vehículos físicos o incluso fenómenos extraterrestres—, estos símbolos parecen apuntar, en realidad, a otra dirección: la construcción de un “vehículo” de naturaleza mental o espiritual. Un vehículo que no transporta el cuerpo, sino la percepción. El Carro del tarot, en este sentido, representa la capacidad del ser humano de articular dos dimensiones: la celeste y la terrenal, lo sutil y lo denso, lo invisible y lo manifiesto. Las dos figuras que tiran del carro —frecuentemente interpretadas como fuerzas opuestas— no avanzan en direcciones divergentes, sino que sostienen una tensión equilibrada. No hay movimiento lineal porque el verdadero desplazamiento es integrador. Así, el viaje del Carro no consiste en ir de un punto A a un punto B, sino en alinear planos. En hacer coincidir lo de arriba con lo de abajo. La antigua máxima hermética, “Como es arriba, es abajo”, cobra aquí todo su sentido. El auriga no conquista territorios externos; gobierna un espacio interior donde las correspondencias entre lo celeste y lo terrenal se hacen conscientes. El Carro que viaja sin moverse nos invita, por tanto, a reconsiderar la idea misma de avance. Quizá no se trata de acumular experiencias externas, sino de desarrollar una estructura interna capaz de sostener y unificar distintos niveles de realidad. Un vehículo invisible, pero esencial. Porque hay viajes que no dejan huellas en el suelo, pero transforman por completo al viajero. Viajes como los que pretenden salir del SIStema (XVIII La Luna),viajes que provocan muuuucho sueño 🙄😏
Saludos cordiales amigos 🙂

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