La amiga y habitual colaboradora MªJose lanzaba en su comentario de ayer una reflexión totalmente lógica pero no por eso menos interesante, venía a decir; Oye, si Ighina podía o conocía la manera de combatir los terremotos, muy probablemente habrá quien, valiéndose de esos mismos principios, los use para hacer el mal. Cierto. Y esto amigos me ha ido dando tumbos dentro de la calabaza. Ighina no construyó, que sepamos, una máquina sísmica pero... ¿podríamos, partiendo de lo que el expone en su obra El átomo MAGnético y del mismo diseño de la válvula antisísmica imaginar, usando muy cutre-ingeniería inversa, precisamente todo lo contrario, lo que nosotros friquimente denominaríamos la T. E. S. I. R (Torre de Exitación Sísmica Ighina-Recared)?
Pienso que sí. A continuació os detallo las etapas-y-partes de la hipotética TESIR: 🔶 Etapa 1 o Acoplador telúrico: Su función es leer la frecuencia natural del sustrato en ese punto concreto y sincronizarse con ella, sin absorberla ni disiparla. En el sistema de Ighina, los materiales conductores con geometría toroidal o helicoidal son los que mejor "captan" el campo magnético atómico. Por tanto, la geometría sería en espiral de sección cónica (como un cuerno de Fibonacci) o TORoide plano, enterrado verticalmente en el sustrato, en contacto directo con la roca. La dirección del enrollado importa: en la válvula antisísmica Ighina usa el enrollado en sentido contrario al de la Tierra para contrarrestar; aquí se usaría el sentido concordante para reforzar.
Como material a emplear usaríamos cobre de alta pureza, preferiblemente sin soldaduras (Ighina consideraba las discontinuidades como "pérdidas de campo"). El extremo inferior acabaría en punta, geometría que precisamente Ighina asociaba con la concentración del campo, clavada en el sustrato. Para entenderlo habría una analogía real y es funcionalmente equivalente a un geófono o un sismómetro de inducción, pero en lugar de solo medir, también retroalimenta la señal al sistema.
🔶 Etapa 2 o Amplificador de resoonancia (el corazón del dispositivo): Aquí amigos está la diferencia fundamental con la válvula antisísmica. En esta etapa se sustituye el circuito de absorción por un bucle de retroalimentación positiva: la señal captada se devuelve al sustrato ligeramente amplificada y en fase, de forma acumulativa. Cada ciclo añade energía al sistema hasta alcanzar el umbral de fractura del sustrato. En este caso hablaríamos de discos metálicos coaxiales de diámetros crecientes (como un condensador variable), separados por un dieléctrico que Ighina habría escogido según sus experimentos (probablemente mica o resina natural). La separación entre discos controla la "tensión de campo" acumulada. Nos decantarikamos por una combinación de cobre (conductor) y aluminio (Ighina lo usaba frecuentemente por su ligereza y conductividad). Las bobinas de retroalimentación serían de cobre enrollado en sentido cóncavo hacia el sustrato. Igual que un micrófono demasiado cerca de su altavoz genera retroalimentación acústica, aquí el acoplador y el amplificador se disponen a una distancia y geometría que favorece que la energía del sustrato entre en el bucle y se acumule. El control de esa distancia es el principal mecanismo de seguridad. 🔶 Etapa 3 o Modulador / válvula de control: Sería el único elemento, creo yo, que Ighina trasladaría casi sin modificar desde su válvula antisísmica, pero operando en sentido inverso: en lugar de maximizar la disipación, se maximiza la acumulación, y se gradúa mediante un dieléctrico variable (rotatorio o deslizante) que actúa como una suerte de "grifo" del campo. Aquí tenemos un disco rotatorio de material dieléctrico (cerámica o mica) interpuesto entre el amplificador y el transductor. Girándolo se varía la "apertura" del flujo de campo. Se usaría cerámica de alta constante dieléctrica para posiciones de máxima acumulación; aire para posiciones de mínima (corte de emergencia). Eso permite trabajar en modo pulsado (breves ráfagas de resonancia seguidas de periodos de reposo) lo que es más seguro y más eficiente energéticamente que un funcionamiento continuo. 🔶 Etapa 4 o Transductor focal (el "cañón" o CANuto ): Es el elemento diferenciador respecto a cualquier dispositivo antisísmico, y el que define el uso práctico en minería o ingeniería civil. Su misión es dirigir la energía acumulada hacia un volumen específico de roca o terreno. El cono parabólico (la misma geometría que Ighina usaba en varios de sus aparatos de "concentración de campoc) apoyado o parcialmente enterrado en la zona a tratar. El vértice del cono apunta hacia el foco deseado. En aplicaciones de superficie se usaría acoplado al terreno mediante una placa de contacto; en profundidad, se bajaría por un sondeo como si fuera una herramienta de perforación. De nuevo se usa cobre para el cono interior (conductivo); envuelta exterior en un material amortiguador (madera densa o resina) para evitar que la energía se irradie hacia arriba. La forma parabólica converge las líneas de campo hacia el foco en lugar de dispersarlas, análogamente a como un espejo parabólico concentra la luz. Fijaos los vibrorippers y los dispositivos de hincado por resonanciñ de la ingeniería civil moderna funcionan exactamente con este principio: encontrar la frecuencia de resonancia natural de la roca y aplicar energía en esa frecuencia desde la superficie. 🔶🔶🔶 Resumen del ciclo completo : El sustrato emite constantemente su frecuencia natural ➡️ el acoplador la capta y la inyecta en el bucle ➡️ el amplificador la devuelve al sustrato con mayor energía, en fase ➡️ el modulador controla cuánta energía circula ➡️ el transductor focal decide dónde se concentra ➡️ la roca, al recibir energía en su propia frecuencia de resonancia, se fractura siguiendo sus planos de debilidad naturales (diaclasas) con una energía mínima aplicada externamente.
EL GRAN SALTO 😈⚡ o la alimentación externa de la máquina sísmica: Aquí queridos amigos la idea base es sólida dentro, claro está, de la lógica del sistema; si el dispositivo en modo pasivo se limita a amplificar la energía que ya existe en el sustrato, añadir una fuente externa de energía electromagnética convierte el sistema de resonador pasivo en oscilador forzado activo. La diferencia es enorme, y tiene paralelos perfectos en física real. 🔶 El principio del oscilador forzado: En cualquier sistema resonante como una cuerda de guitarra, un puente colgante, un cristal de cuarzo, si le aplicas energía externa exactamente en la frecuencia natural del sistema, la amplitud crece de forma acumulativa. Es la resonancia forzada, y puede destruir el sistema desde dentro con una energía aplicada externamente relativamente pequeña, siempre que estés en la frecuencia correcta. El caso más famoso que seguro habéis visto alguna vez en documentales es el del puente de Tacoma Narrows (1940), destruido no por una tormenta violenta sino por un viento moderado que casualmente coincidía con su frecuencia de resonancia. El sustrato geológico no es diferente en principio. Pero... claro, ¿qué tipo de energía externa y cómo se inyectaría? 🤔 Dentro del marco de Ighina hay tres candidatos principales: 1) Energía eléctrica de alta frecuencia (RF) que sería la más directa. Un generador de radiofrecuencia sintonizado a la frecuencia telúrica del sustrato, que en la práctica varía entre fracciones de Hz (microseísmos) y unos pocos Hz, alimentaría las bobinas del amplificador. La energía eléctrica se convertiría en vibración mecánica a través del transductor, exactamente como hace un altavoz o un actuador piezoeléctrico.
El elemento clave aquí sería la sincronización de fase; no basta con aportar energía en la frecuencia correcta, hay que hacerlo en la fase correcta. Un aporte en fase opuesta cancelaría la resonancia (así funciona la cancelación activa de ruido). Un aporte en fase coincidente la dispara exponencialmente. 2) Energía electromagnética de baja frecuencia (ELF). Aquí es donde el sistema de Ighina adquiere dimensiones mucho más ambiciosas, y donde conecta con proyectos reales que han existido. Las frecuencias ELF (Extremely Low Frequency, 3–30 Hz) penetran el sustrato geológico a gran profundidad (centenares de metros o incluso kilómetros) sin prácticamente atenuación. Por eso las usan los submarinos militares para comunicarse sumergidos. Si se inyectaran grandes potencias ELF sintonizadas a la frecuencia de resonancia sísmica local, la energía llegaría directamente a las zonas de falla o fractura en profundidad, sin necesidad de contacto mecánico con la superficie. 3) Energía de microondas focalizada. Esto ya sería mucho más especulativa dentro del marco de Ighina, pero coherente con su teoría: haces de microondas dirigidos al sustrato desde antenas en superficie calentarían la roca localmente, generando expansión térmica diferencial que actuaría como activador de la resonancia mecánica. Es el mismo principio que hace estallar los alimentos en el microondas cuando tienen discontinuidades internas. Con todo ello ahora tendríamos un diagrama ampliado donde el elemento crítico sería la sincronización de fase, ¿por qué? Bueno, porque añadir potencia bruta sin sincronización de fase no solo no ayuda, sino que puede cancelar la resonancia. El sintetizador central del diagrama es el componente más delicado de todo el sistema: necesita medir continuamente la frecuencia y la fase del sustrato (a través del acoplador) y ajustar en tiempo real las tres fuentes externas para que todas empujen en la misma dirección. Es exactamente lo que hacen los sistemas de vibrosísmica activa en exploración petrolífera: varios camiones vibradores separados centenares de metros se sincronizan electrónicamente para que sus ondas se sumen en el punto de interés y se cancelen en los puntos que no interesan. La diferencia conceptual con lo que planteamos aquí es solo de intención y de potencia. Y eso, guste o no, pone de manifiesto la conexión con proyectos reales que existieron, digo que esto no es tan ciencia ficción como parece. El proyecto HAARP (High-frequency Active Auroral Research Program), el transmisor ZEVS soviético en la península de Kola, y las antenas Sanguine/Seafarer de la marina estadounidense son instalaciones reales que trabajaron con ELF de alta potencia para penetrar el sustrato y el océano. Nunca se usaron OFICIALMENTE 🙄😏 con intención sísmica declarada, pero la física de penetración en profundidad es la misma. En el terreno de la minería, que conozco bastante bien y gracias a eso me he animado a armar este articulo, los romperocas por resonancia ya son tecnología comercial : aplican vibraciones sintonizadas a la frecuencia de fractura de la roca y consumen entre un 60 y un 80% menos de energía que los métodos explosivos, con cero gases ni onda de presión aérea. Ahí es nada. La hipótesis de Ighina lo que añade es la capa del campo magnético atómico como medio de transmisión adicional, lo que teóricamente permitiría actuar a profundidades y con potencias inalcanzables para la vibración mecánica pura.
No me enrrollo más. Por ahora es suficiente. Saluti 😉





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