NIÑOS CON JESÚS ✨👶 🤝 🧔 🤝 👶✨ O abuelo$$ EN LA SINAGOGA DE SATANÁS 🕍👿 [🧓🧓🧓]

Hay una paradoja silenciosa en el corazón de la civilización occidental. Una civilización que nació, en buena medida, impregnada del mensaje evangélico y que sin embargo parece haber abrazado justo lo contrario de uno de sus mandatos más luminosos. "En verdad os digo que si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos", dice Jesús en Mateo 18:3. No es una afirmación menor ni marginal: aparece repetida, reelaborada, insistida a lo largo de los cuatro evangelios. El niño como modelo. La infancia como condición espiritual deseable. La apertura, la confianza, la capacidad de asombro, la ausencia de cálculo acumulativo... como virtudes, no como defectos a superar.
El poder en manos del otoño o... de SATurno 🧓~🌚🗡️: Y sin embargo, miramos a nuestro alrededor. Los parlamentos de las democracias avanzadas envejecen. Los consejos de administración de las grandes corporaciones envejecen. Los liderazgos religiosos envejecen. El término gerontocracia (el gobierno de los ancianos) no es ya una metáfora poética sino una descripción técnica de cómo se distribuye el poder real en buena parte del mundo contemporáneo. Estados Unidos eligió durante años presidentes octogenarios. El Colegio Cardenalicio promedia edades que habrían parecido imposibles hace un siglo. Los grandes fondos de inversión están controlados por generaciones que acumularon capital cuando el mundo era otro. Insistimos en algo crucial: la vejez en sí misma no es el problema. La experiencia, la memoria histórica, la serenidad del juicio largo son dones genuinos. El problema es otro. El problema es qué ocurre cuando una civilización concentra el poder en su fase de declive biológico y, al hacerlo, importa también los peores vicios que pueden acompañar esa fase.
Los vicios que se cuelan con la edad: La gerontocracia que hoy observamos no se caracteriza por la sabiduría de los ancianos que menciona el Eclesiastés. Se caracteriza, en demasiados casos, por algo bien distinto: 1) La avaricia acumulativa. No la necesidad, sino el instinto casi compulsivo de retener. Retener riqueza, retener poder, retener posiciones. Generaciones que acumularon casas, pensiones, capital bursátil y rentabilidad política, y que han legislado sistemáticamente para proteger esa acumulación frente a quienes vienen detrás. 2) La inmovilidad estructural. El niño prueba, falla, se levanta, innova por puro instinto. La gerontocracia tiende a fosilizar lo que existe. Las reformas se posponen eternamente. Los sistemas educativos, sanitarios, urbanísticos, energéticos permanecen congelados en décadas pasadas porque cambiarlos incomodaría a quienes los diseñaron y se benefician de ellos. 3) La no-generación. Quizás el síntoma más revelador. Una civilización sana genera: hijos, ideas, obras, proyectos, riesgos asumidos con ilusión. La gerontocracia gestiona lo generado. Administra, preserva, rentabiliza... pero raramente crea. Y el resultado es una demografía en desplome, una cultura cada vez más referencial y nostálgica, una economía que financia el pasado a crédito.
Lo que el niño sabe y el gerontócrata olvida: Volvamos a Jesús, porque su insistencia en la infancia no era ingenua ni romántica. Era profundamente subversiva en su contexto donde los ancianos eran la autoridad incuestionable y lo sigue siendo en el nuestro. ¿Qué tiene el niño que el sistema actual desprecia? Tiene apertura: no ha decidido aún que el mundo funciona de una sola manera. Tiene generosidad espontánea: no ha aprendido todavía el cálculo del interés. Tiene orientación al futuro: vive hacia adelante, no hacia atrás. Tiene tolerancia al riesgo y al error: caerse es parte del juego. Tiene, en fin, una relación con el tiempo radicalmente distinta: no acumula, habita el presente. Ninguna de estas cualidades es patrimonio exclusivo de los jóvenes en edad biológica. Hay ancianos plenamente "infantiles" en el sentido evangélico: creativos, desprendidos, asombrados, generosos. Y hay jóvenes perfectamente instalados en la mentalidad gerontocrática: calculadores, rentistas, cerrados. La edad cronológica no es el verdadero problema. El verdadero problema es una KULtura que ha elegido, sistemáticamente, premiar los atributos del declive y penalizar los atributos de la apertura.
Una inversión urgente: Ojo! No se trata de expulsar a los mayores del poder sin más, ni de caer en la trampa simétrica del edadismo juvenilista. Se trata de preguntarse, con honestidad, qué valores queremos que gobiernen nuestras instituciones. ¿Acumulación o generación? ¿Inmovilidad o apertura? ¿Gestión del pasado o construcción del futuro? Jesús, con su habitual economía de medios, lo dijo hace dos mil años en una sola imagen: el niño en medio del círculo de adultos disputando el poder.
Quizás no lo hemos entendido todavía. Saludos 🙂

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