Queridos amigos deberíamos tener muy presente que hay una Iglesia que se contempla desde el Cielo y una Iglesia que camina sobre la tierra. Una Iglesia que es misterio, belleza y santidad, y otra que debe organizarse, gobernarse y atravesar las contradicciones de la historia. Una Iglesia que recibe y otra que administra. Una Iglesia representada por María, y una Iglesia confiada a Pedro. Hans Urs von Balthasar expresa esta doble realidad con una imagen de enorme profundidad: María sería la Iglesia en cuanto Inmaculada, la Iglesia tal como Dios la contempla en su plenitud; Pedro, en cambio, sería la Iglesia en cuanto organismo visible, necesitado de gobierno y compuesto por hombres pecadores. María posee la dignidad; Pedro recibe la autoridad. Y precisamente entre ambos, en relación con el TaroT, aparece una tercera figura: la Justicia. La Emperatriz, tercer ARCano, introduce en el Tarot de Marsella una imagen de soberanía que no necesita imponerse por la fuerza. Está sentada, coronada y revestida de signos de dignidad. Pero su poder es esencialmente generador (3): produce, protege, ordena y finalmente hace fructificar. Por eso pienso que puede resultar, en este contexto, especialmente fecundo leerla como figura simbólica de María. María no es Pedro. No gobierna la Iglesia mediante una jurisdicción. No ocupa el lugar del apóstol en la estructura visible. Su autoridad pertenece a otro orden: el de la fecundidad, la receptividad, la maternidad y la santidad. En ella la Iglesia aparece como aquello que está llamado a ser. María sería, en esta lectura, el rostro perfecto/Inmaculado de la Iglesia: aquella en la que la gracia no encuentra resistencia, aquella que recibe enteramente a Dios y, al recibirlo, se convierte en lugar de manifestación de Dios. Por eso podemos comprender la Emperatriz (III) como un triple (III) trono: I) de Poder, porque María participa de la realeza de Cristo y aparece coronada; II) de Sabiduría, porque su poder no es arbitrario: es un poder que sabe recibir, guardar, discernir y dar a luz; III)de Misericordia, porque su grandeza no se dirige hacia sí misma, sino hacia el hijo y hacia aquellos que necesitan ser acogidos. Fijaos amigos, La Emperatriz, entonces, no representa tanto el poder que manda como el poder que hace posible que algo exista (3=manifestación). Y aquí aparece una diferencia decisiva respecto de Pedro. El quinto ARCano, El Papa, aparece como una figura de autoridad espiritual. Está sentado entre dos personajes que reciben de él una enseñanza o una bendición. Su posición es elevada, pero no es la del soberano absoluto: es la del mediador, maestro y custodio de una tradición recibida. Pedro recibe de Cristo las llaves y la responsabilidad de apacentar el rebaño. Pero el Evangelio conserva deliberadamente su fragilidad: Pedro puede confesar a Cristo y, poco después, negarlo. Esta contradicción amigos es fundamental. Ojo! Porque el Papa del Tarot es una autoridad; Pedro también lo es. Pero Pedro no es el origen de aquello que administra. La Iglesia no nace de Pedro. Pedro nace de la Iglesia fundada por Cristo. Su autoridad es, por tanto, ministerial. La grandeza de Pedro no consiste en dejar de ser hombre, sino en recibir una misión que está por encima de su propia perfección. María, en cambio, representa la Iglesia sin mancha; Pedro representa la Iglesia en camino. María es la santidad realizada (el 3); Pedro es la santidad confiada a una historia todavía imperfecta. Y por eso Balthasar puede colocar a María por encima de Pedro sin negar la autoridad de Pedro. La dignidad no es idéntica a la jurisdicción. Ésta es quizá la distinción fundamental de toda nuestra tríada. Y llegamos al centro de la construcción: VIII — La Justicia. La Justicia sostiene la espada y la balanza. Una mano separa; la otra pesa. Una establece límites; la otra busca proporción. No es casual, creo yo, que aparezca aquí. Porque si sólo tuviéramos a la Emperatriz, podríamos contemplar la Iglesia como misterio de belleza, maternidad y gracia; si sólo tuviéramos al Papa, podríamos contemplarla como institución, doctrina, gobierno y autoridad. Pero la Iglesia necesita ambas dimensiones. Y la Justicia las mantiene en su lugar. No dice:María sustituye a Pedro. Ni dice: Pedro está por encima de María. Dice algo mucho más delicado: Cada uno posee una grandeza diferente y debe permanecer en el orden que le corresponde. María posee una primacía de santidad y dignidad; Pedro posee una primacía de servicio y gobierno. La Justicia impide confundirlas. Podemos pues imaginar la balanza ⚖️ de la VIII de este modo: No son dos Iglesias. Son dos dimensiones de la única Iglesia. Una expresa aquello que la Iglesia ES en Dios; La otra expresa aquello que la Iglesia hace en la historia. Y la tragedia aparece cuando una dimensión pretende absorber a la otra. Es tremendamente fácil de entender: Una Iglesia puramente institucional puede olvidar que su finalidad última es la santidad; una Iglesia entendida exclusivamente como experiencia espiritual puede olvidar que la fe necesita una forma histórica, una comunidad, una doctrina y un servicio. La Justicia EXIGE que ambas realidades permanezcan relacionadas. Ahora nos fijaremos en 🗡️ La espada: separar sin destruir. Y es que la espada de la Justicia posee aquí un significado particularmente hermoso. La espada es "inteligente", distingue. Distingue a María de Pedro. Distingue santidad de jurisdicción. Distingue dignidad de poder. Distingue el misterio invisible de su expresión visible.Pero repito, distinguir no significa separar definitivamente. La espada establece una diferencia para que pueda existir una relación justa. María no necesita convertirse en Papa para ejercer su realeza; Pedro no necesita ser inmaculado para ejercer su ministerio. La perfección de María no elimina la autoridad de Pedro; la autoridad de Pedro no disminuye la dignidad de María. La Justicia protege precisamente esta diferencia.
Vamos a continuación a analizar ese 8~♾️ como suele ser habitual en nuestro operar. Aquí hablaríamos de la Gracia del Cielo a la Tierra y de la Tierra al Cielo. Se daría, según yo lo veo, una "recirculación de la Gracia". En sentido estrictamente teológico, la gracia procede de Dios, vale; no es una energía que circule autónomamente entre María, Pedro y la Iglesia, los sé. Pero como imagen simbólica, la idea de circulación es extraordinariamente poderosa. Podemos visualizar el conjunto como un movimiento vertical: DIOS / CIELO ⬇️ GRACIA ⬇️ MARÍA — III ⬇️ IGLESIA ⬇️ PEDRO — V ⬇️ MUNDO / HISTORIA. Y después, obviamente el movimiento inverso, es lo que comparten el 6 y el 8 que tantas veces henos comentado ♾️~🔃~(🔼+🔽)~✡️. Pero María y Pedro no son dos fuentes independientes, no, son lugares de recepción y servicio de una única fuente: Dios. María recibe y da; Pedro recibe, administra y apacienta. La Iglesia recibe la gracia y está llamada a transmitirla. Así, la Justicia —VIII— aparece como el regulador de la circulación ♾️8~✡️6 : aquello que impide que el poder se convierta en dominación y que la espiritualidad se convierta en evasión del mundo. ¿Y por qué decimos lo de... 👸🏻 María antes que Pedro? Y aquí regresamos a Balthasar. No significa que María posea el gobierno jurídico de la Iglesia, no, significa algo más profundo: antes de la Iglesia que gobierna, existe la Iglesia que recibe; antes de la institución está el misterio; antes de la administración está la Gracia; antes del poder está la disponibilidad ante Dios.Pedro puede recibir las llaves porque María ha dicho primero: "Hágase en mí según tu palabra". Pedro representa las llaves 🔑🔑; María representa la puerta 🌑~🌀~🚪. Pedro abre y cierra en el orden de su ministerio; María es aquella por quien el Verbo entra en el mundo. La Iglesia necesita el corazón 💓 de María y las llaves 🔑🔑 de Pedro. Saludos 🙂

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